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Immersiones en Invierno

Siguiendo un poco con lo que hablamos del buceo en invierno y del frío que nos acecha cual sigiloso enemigo, vamos a ampliar un poco la información y a ofreceros algunos consejitos más para hacer compatible nuestra actividad con los momentos más gélidos del año.

Estos días he buceado en Begur y he disfrutado de una inmersión invernal de verdad. Aún bien equipados para temperaturas más bajas de lo normal, hay que tener en cuenta que el cuerpo humano mantiene una temperatura de unos 36 ó 37º, al margen del entorno en que se encuentre, de modo que hay una termorregulación por parte de nuestro organismo: cuando hace mucho calor suda y cuando tiene mucho frío vienen los desagradables tembleques. Para asegurar el correcto funcionamiento de las reacciones que se producen en nuestro organismo hay que mantener constante la temperatura corporal en el rango señalado.

Al sumergirnos se produce una reducción de nuestra temperatura corporal de modo que se experimenta una vasoconstricción fundamentalmente a nivel de las extremidades: al reducirse el tamaño de los vasos sanguíneos se reduce también la circulación de sangre por los mismos y por tanto su enfriamiento. Si no se produjera esta vasoconstricción la sangre fría llegaría hasta los órganos y vísceras fundamentales del cuerpo y descendería la temperatura corporal, que en caso de bajar de los 35º generaría una hipotermia, situación que hay que evitar, entre otras cosas porque es incómodo bucear con un frío fastidioso y sobre todo, porque se incrementa el riesgo de enfermedad descompresiva y otras consecuencias peores para nuestra salud.

Una señal clara de un nivel de frío inaceptable son los escalofríos o temblequeo, con castañeo de dientes incluido. Se produce porque al bajar la temperatura a nivel de las extremidades se genera un movimiento involuntario del cuerpo con la finalidad de generar calor -el movimiento produce un aumento de la temperatura- aunque esto en nuestro caso no nos beneficia porque si las extremidades aumentan su riego sanguíneo también se enfriará más la sangre.

Otra consecuencia bastante habitual y que mucho habréis seguro experimentado son las inaplazables ganas de orinar. También se produce porque al dirigirse la sangre hacia el interior del cuerpo, a nivel cerebral se interpreta por nuestro organismo como un aumento de los líquidos corporales y reacciona estimulando las ganas de eliminarlos. En este caso hay gente para todo, unos piensan que si es su traje y son sus líquidos, bienvenido sea el calorcito extra, mientras que para otros, al menos públicamente, es una actitud -la de orinarse encima- inaceptable…Cada uno verá, aunque según un amigo hay dos tipos de buceadores: los que se mean en el traje… y los que mienten.

 

 

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